Espirales

Hoy inauguro este blog. Todo el proceso de actualizar esta web me ha hecho reencontrarme con partes de mi historia que hacía mucho tiempo que no visitaba. Parece mentira que siga creyendo que el camino es lineal. Y cuando me encuentro de nuevo en el punto de partida, aunque en otro tiempo y espacio, no puedo por más que reírme. Y maravillarme de lo que olvidé en esa nueva vuelta de la espiral… que era justo lo que buscaba.

Porque andamos y andamos y a veces se nos olvida por qué comenzamos a andar. Ya me lo dijo mi Maestro, la primera persona que encontré en este camino, que no hay como perderse para encontrarse. No hay palabras para agradecer todo lo que me dio: una forma de expresión y de vida, un sueño que se hizo realidad y que me sigue emocionando. Le sigo viendo a la sombra de las palmeras con música de kawala y bandir, con los ojos llenos de desierto y de Nilo. Ahora descansas ya en paz ya mudaris, hasta que tengas ganas de soñar un nuevo sueño. Será grande, y más amable, te lo mereces.

Shokry Mohamed, shokran ketir, enta fi albi. Extraño mucho tu sentido del humor, tan negro y certero, es el arma de los que hemos pasado fatigas. Tu presencia en los saraos, tus comentarios sobre danza, tus raros y preciados consejos (“ve a lo tuyo habebti”). Sólo ahora aprecio en su medida la suerte que tuve de aprender de un artista así. Un segundo antes de salir a escena eras el caos… después eras la magia. Aún en medio de tu lucha nos diste lo mejor de ti, sin saberlo y menos aún pretenderlo. Se te salía, sin más…

Desde que te conocí siempre estuvimos en contacto. En España, en El Cairo, nos peleamos, nos reconciliamos… nos teníamos presentes. Y nunca me contestabas a mis preguntas (“Maestro, ¿cómo bailo?”) Te encantaba picarme y reírte de mis dudas. Y a mí me encantaba tu alma de rebelde, nos reíamos juntos. Hasta aquel día en el Raqs Madrid de Nesma en noviembre de 2005, después de que hubieses subido al escenario a recoger tu homenaje. Estabais Rosa y tú, y yo te volví a preguntar: “Maestro, ¿me viste bailar? ¿te ha gustado?” Pero esa vez tú me cogiste de la mano y me miraste a los ojos con una profundidad con la que no lo habías hecho nunca. Y, aunque no me dijiste el esperado ”sí” (¡no hubieses sido tú!) me dijiste: “no cambies nunca” Y se me paró el corazón. Y supe todo lo que, sin decirme, me decías. Y ya nunca te volvería a preguntar, no hacía falta.

Eva Chacón y Shokry Mohamed

Luego entendí que quizá era tu regalo de despedida, siempre tuviste una gran intuición. Me sentí feliz cuando en febrero de 2006 me llamaste para hacerme una entrevista en tu revista, Danza Oriental (siempre sembrando…) Te dije:”ya estabas tardando”. Y te reíste, me encantaba pagarte con tu misma moneda. Y charlamos y quedamos en tomarnos algo y reírnos de todo. Pero no pudo ser. Ya estabas muy malito y no me dijiste nada, nunca te gustó que nadie te tuviese pena, alma grande. El mismo mes que salió la revista tú te fuiste, el mismo día que nos dejaste teníamos una actuación en Madrid, gran festival con Raqia Hassan, bailábamos “Surur” de Gloria Alba. Y bailé con el corazón roto pero bailé por ti, por todo lo que me diste y significaste en mi vida. Te lo debía.

He querido abrir mi blog con tu entrevista, porque sigo pensando lo que te dije hace ya tanto tiempo, en eso te he hecho caso y mi discurso no ha cambiado. Y porque he vuelto a llorar releyendo la introducción que me dedicaste. Como lloré cuando la leí en su momento, porque de verdad no sabía que me apreciabas tanto, y porque nunca te dije lo que yo te quería a ti. Ahora te lo digo… aunque seguramente siempre lo supiste. Como sabías tantas cosas, a la gente que se ha hecho a sí misma nunca se le puede mentir.

Y también sabes que no podía hacerte caso del todo (¡que a ti te gustaba también mi rebeldía!) No he cambiado en muchas cosas: sigo sin usar tacones, me visto como siempre (“¿pero a quién se le ocurre ir a una gala vestida así?”), me pinto las uñas fatal (aunque no ya de negro, que ahora lo comercializan las grandes marcas y ya no me hace tanta gracia), me sigue costando ponerle precio a mi arte (¡ahí tampoco me podías ayudar mucho!) Y me siguen fascinando las tormentas… y la noche (“¿por qué luchas para no ser nocturna? ¡Aprovéchalo y ponte a bailar!”). Como decís los egipcios, intento tener “el cerebro grande”, aunque por momentos haya dejado de soñar, tú entiendes el por qué. Aunque el sueño siempre seguía ahí (“no lo vas a poder dejar…”)

Pero como buena rebelde, no te hice caso en lo más importante: he hecho todo lo posible por cambiar mi danza. Me he creído que avanzaba…para volver al mismo punto. Pero si no lo hubiese hecho no sabría que era necesario. Y por eso me río, y sé que tú te reirías conmigo también.

Ma3salama ya ahuia, ¡Illaleqa! Nos volveremos a ver.

Entrevista a Eva Chacón

Shokry Mohamed

Hay personas que tienen algo muy especial, y cuando a veces intentas descubrir en concreto qué es lo que las hace tan especial, no lo encuentras, es como si por arte de magia se te negara, o te sintieras incapaz de descubrirlo, pues no reside sólo en un carácter o en una cualidad. Es como una amalgama de aromas que te impide reconocer sus componentes básicos. Esto me sucede con Eva Chacón, todavía recuerdo nuestro primer encuentro.

Fue en el año 1990, recién abierto el Estudio de Danza Las Pirámides en la céntrica calle Limón de Madrid. Una chica joven, dotada con una bonita sonrisa en su rostro toca en la puerta del Estudio y en vez de pasar, permanece extasiada mirando los cuadros de las bailarinas que estaban colgados en la entrada. Interrumpí su viaje de observación y le pregunté: ¿practicas algún tipo de baile? Me contestó que tomaba algunas clases de danza clásica de la India. Le comenté: ¿qué pasa te gusta todo lo que es oriental? Con toda naturalidad me respondió que en aquel momento tenía mucho interés en aprender la danza oriental.

Se incorporó a las clases, y en muy poco tiempo me demostró que tenía un talento especial para la danza oriental, captando todo muy rápido. Le incorporé en el Grupo de Danza, y aquel mismo año ya estuvimos preparando varias actuaciones. Una de ellas fue con motivo del primer aniversario del Teatro Baracaldo en Bilbao. Después siguieron otras, pues el grupo tenía pendientes otras actuaciones en Madrid. Participó junto al grupo en el Liceo Francés y en el Centro Cultural Galileo entre otros. Un año después marchó a Egipto, con un contrato para actuar en el Hotel Sheraton de El Cairo. En mis viajes a Egipto, siempre tuve ganas de verla. Su conversación siempre se impregnaba de un aire tierno y agradable. Habla con el sentimiento, el mismo que queda reflejado en su forma de bailar, mezclado con una naturalidad que lleva al que la contempla a quedar deslumbrado como si mirara un cuadro lleno de vida, movimiento y color.

  • ¿Eva, cómo fue tu experiencia profesional en Egipto?

Me ayudó a ser la bailarina que soy. He bailado para mucha gente y en situaciones muy distintas. Aprendí a relacionarme con el público durante una hora seguida, lo que me exigió investigar tanto los aspectos técnicos del baile como la tradición de la danza oriental y los distintos folklores del país. El público egipcio sabe lo que espera de una bailarina y no se conforma con pasos y teatro, quieren que les involucres en una fiesta, y tuve que aprender a crear distintos ambientes y jugar con el ritmo de una actuación. He visto bailar a grandes profesionales y he podido tomar clases con artistas como Raqia Hassan, que no deja de evolucionar sin perder autenticidad, y me ha impresionado la sencillez y la fuerza de las mujeres cuando bailan en sus casas, casi sin moverse y con los ojos cerrados.

Quizá el mayor regalo que me llevo es el poder haber conocido la riqueza de la música egipcia de la mano de los músicos y artistas que colaboraban en el espectáculo. Les preguntaba a cada paso sobre las canciones, el vestuario de las distintas regiones, el folklore, y además, los mejores conciertos los he vivido en el autobús entre actuaciones o en las esperas, cuando los músicos tocaban para ellos. Todavía es un oficio que se pasa de una generación a otra, ¡no creo que sean conscientes de todo lo que saben! Han sido muy generosos conmigo.

  • ¿Asimilaste pronto las costumbres? ¿Qué dificultades encontraste en los primeros meses?

El pueblo egipcio es uno de los más hospitalarios que conozco (¡no es peloteo!..), responden con entusiasmo a la más pequeña muestra de interés por parte de un extranjero, siempre hacen por entenderte y tienen un trato fácil y comunicativo. Pero también es un pueblo muy celoso de sus tradiciones, con estructuras familiares y sociales muy distintas a las de un occidental. Al principio noté menos el choque cultural porque estaba tan ilusionada con la oportunidad que tenía y todo lo nuevo que aprendía que vivía en los mundos del arte, no en la realidad social. Además siempre que te acercas a una cultura normalmente has tenido un contacto previo por no se sabe qué afinidad, y vas buscando lo que te aporta. Pero hasta que no pasó un tiempo no comprendí totalmente su mentalidad como país árabe y musulmán, e intenté4 adaptarme sin dejar de vivir a la europea (las ventajas de ser occidental en el mundo árabe). Admiro mucho la alegría de un pueblo que tiene una realidad política y social tan difícil, pero… ¡siempre vive con música!

  • ¿Te adaptaste a la gastronomía egipcia? ¿Qué plato te gustaba más?

Me adapté demasiado rápido, ¡engordé un montón! Me encanta el kushary, arroz con pasta y legumbres con unas salsas riquísimas, los zumos de frutas, el ful u tameia de la calle, eshta (crema de leche) con pan de pita, la sopa de moloheia (especie de espinaca)… Les encanta comer a cualquier hora y no entienden las expresiones “algo ligero” ni “no puedo más”. Se cuiad mucho la comida y se disfruta con todos los sentidos, ¡un desastre para la sobriedad!

  • Tus contactos con otras bailarinas nativas, ¿te aportó cosas nuevas?

Conocí lo que en Flamenco se llama “el pellizco”, ese algo que se le escapa hasta al propio artista porque le sale de dentro, de forma intuitiva, bailan con todo el cuerpo y atrapan al público con verdadera maestría. No te saben explicar qué están haciendo, se les sale cuando bailan. Me entristece mucho que en Egipto no se las aprecie tanto como lo hacemos en Occidente, y eso hace que a veces ellas tampoco aprecien la calidad de su arte. Creo que son mujeres muy valientes a las que las circunstancias les endurecen el corazón y no ocupan su categoría. Las occidentales tenemos más suerte, conocemos la danza como expresión artística desligada de prejuicios morales.

  • ¿Encontraste muchas diferencias entre bailar en Europa a como se hace en Egipto? ¿Cuáles?

        Es otro concepto del entretenimiento. En Egipto haces un espectáculo de una hora mientras el público come, bebe, se levanta, charla, canta las canciones que pueden durar veinte minutos… El sentido del tiempo es distinto y el público quiere participar, se puede cambiar el programa sobre la marcha. En Europa estamos acostumbrados a contemplar más como espectador, no conocemos las canciones y nuestro ritmo es más rápido, nos aburrimos antes, la bailarina baila menos tiempo con más intensidad. En Egipto la bailarina sería como un director de orquesta que da el ritmo y la cadencia pero que depende de los instrumentos para crear la melodía, y en Europa seríamos más como cantantes de ópera, algo más exótico y poco común, con todo el protagonismo (y también la responsabilidad) y buscando los agudos para crear más impacto. Cada público tiene su encanto y busca cosas distintas.

  •  La magia del ambiente que tiene las noches de El Cairo cuando salías a bailar, ¿la encontraste en Europa?

La misma no, es imposible, pertenece a allí, pero he vuelto a vivir esa magia cuando he colaborado aquí con artistas egipcios, en el teatro más frío se encuentran como en el salón de su casa y te llevan allí. También bailando para árabes en alguna celebración hemos olvidado que no había orquesta o cuando vienen a espectáculos, siempre participan. Aquí es un trabajo más individualista que permite una expresión creativa distinta, más personal.

  •  ¿Qué bailarina egipcia ha quedado grabada en tu memoria?

Me gustan muchas, pero si tengo que elegir son dos. Mona Said porque se mueve como un felino, conteniendo el movimiento para contrastar con una explosión de fuerza, y por su mirada, tan serena y poderosa… tiene mucho magnetismo. Y Tahia Karioka, porque deja que el movimiento fluya por el cuerpo como si fuera agua y cuando sonríe es como si se iluminara. Pero la que más me ha impresionado fue una niña de unos ocho años que bailó conmigo en una boda en el hotel Shepard, ¡me tuve que replantear si había aprendido algo!

  •  Ahora que llevas en España unos cuantos años, ¿sientes nostalgia de esa época? ¿Echas de menos Egipto?

No, porque es parte de mí como persona y como bailarina. Fue una decisión muy meditada porque sabía lo que dejaba atrás, disfruté y aprendí muchísimo pero sentí que era el momento de volver porque empezaba a echar de menos otras cosas. También la situación de las bailarinas extranjeras cambió mucho y ya no había tantas oportunidades como a principios de los 90, cuando veías bailar a mujeres europeas y americanas en casi todos los hoteles, había bajado la demanda y estaba cambiando el mercado de trabajo, creo que pillé el final de una época. Y, como dicen los egipcios, he bebido agua del Nilo y siempre vuelvo, no me ha dado tiempo a echarlos de menos, he seguido en contacto durante todos estos años y me sigo sintiendo allí como en mi casa, pero como artista tengo más posibilidades de desarrollar mi carrera aquí, y a nivel personal puedo estudiar otras cosas que en Egipto no podía.

  • Hablemos de música, ¿qué tipo de música te gusta bailar más, la música de los años cincuenta o la música actual?

En los años cincuenta en Egipto se dio una conjunción especial de compositores, músicos y cantantes que para mí ha dejado algunas de las composiciones más bellas de la música árabe, y disfruto muchísimo interpretándolas, tienen mucha emoción. También me encantan las piezas tradicionales de baladi y folklore, cuanto más puro mejor, con instrumentación típica egipcia y toda su fuerza. Sin embargo no conecto con la música que se está produciendo hoy en Egipto, es música divertida, alguna canción sobresale pero en general son producciones que no arriesgan mucho, cantantes y canciones. Tampoco me identifico con las piezas clásicas con arreglos modernos, prefiero bailar con instrumentos tradicionales, me llegan más.

Pero sin embargo me atraen las fusiones entre música occidental y árabe, desde sesiones de djs árabes de house o lounge con toques orientales, el rai magrebí, fusiones como las de Peter Gabriel, estoy descubriendo la música para tribal tipo Solace, música muy distinta a la que he bailado siempre pero que permite otro tipo de creatividad.

  • Cuando bailas, ¿con qué instrumento te identificas más?

Con la darbouka y la percusión en general, me encanta el ritmo. Y con el acordeón, aunque no es un instrumento típico en un taht oriental. Me encanta para el báladi, tiene una cualidad muy envolvente y sensual.

  • Llevas unos años dedicados a la docencia ¿Qué opinas sobre la enseñanza?

Es otro arte, me ha hecho aprender mucho sobre la danza ya que he tenido que plantearme qué es lo que he aprendido y darle una estructura. Me gustaría que la gente que viene a mis clases no sólo consiguiera tener un buen nivel técnico sino también una vivencia más profunda, que les atrape el movimiento. Lo más bonito de enseñar es cuando te das cuenta de que a las chicas les brillan los ojos en clase, que sienten lo que yo sentí la primera vez que me atreví a bailar, me devuelve la ilusión y su espontaneidad es muy refrescante. Por mi manera de ser me ha costado crear una rutina de clases y aprender a manejar grupos grandes, al principio me agotaba. Pero me llena mucho comprobar cómo esta danza transforma a las mujeres que se acercan a probar y es muy emocionante participar en el viaje de descubrimiento de alguien que encuentra una nueva manera de expresión y de encuentro con su cuerpo, y decide que quiere bailar. Me hace sentir que soy un eslabón de una cadena de personas que en un momento de sus vidas se dejaron hipnotizar por la danza, eso es mucho más de lo que esperaba cuando empecé a bailar.

  • ¿Qué consejo darías a las nuevas bailarinas que intentan hacerse un hueco profesionalmente en la danza?

Que sean conscientes de que la danza les va a devolver lo mismo que ellas le den y lo que busquen de ella. Que se dejen inspirar por el arte y la experiencia de sus profesores, se formen bien porque el vehículo de su arte es el cuerpo, pero que busquen ser ellas mismas, que expresen lo que las hace únicas y así destacarán naturalmente. Que estén abiertas a aprender siempre porque si no el flujo se atasca, que no se desanimen por nada, de todo se aprende y todo cambia; que tomen las críticas como lo que son, opiniones de otra gente (las peores son las propias), y acepten las que les ayuden a avanzar. Y sobre todo que disfruten del camino paso a paso y que siempre den lo mejor de sí mismas.

  • ¿Piensas que los festivales de fin de curso benefician a las alumnas?

Bailar en público siempre es una experiencia, no hay muchos sitios donde se pueda bailar y la danza hay que bailarla para que cobre vida. Hay personas que no se atreven a bailar ante los demás y con los festivales ganan fuerza y soltura, el ambiente es distendido y además así se tienen que poner a bailar en casa, que si no, ¡muchas no lo hacen nunca! Las obliga a trabajar más a fondo y a plantearse un reto, aunque no me gusta que sea el único objetivo de las clases oprque la gente se vuelve vaga y no crea su propio estilo, bailan la coreografía que ha sentido otra persona y no confían en su propia creatividad.

  • ¿Cómo ves a las bailarinas españolas y el futuro de la danza oriental?

Creo que hay bailarinas con muy buen nivel y se están haciendo espectáculos muy interesantes. La gente que empieza ahora tiene mucho donde elegir y se han vuelto más exigentes, se tienen que preparar bien porque ahora hay mucha gente y al tener más información aprecian más la calidad. Por fin la danza oriental está llegando a los teatros y se la está reconociendo como un un arte por derecho propio. Su futuro siempre será bueno porque… el ser humano siempre necesitará bailar, y es una danza que ha sobrevivido a tiempos mucho peores. Creo que puede evolucionar sin perder esencia. Lo que sí espero es colaborar a crear ese futuro, porque yo pensé que con los años se me iría pasando y cada día me gusta más. ¡Y me doy más cuenta de todo lo que me queda!

Revista Danza Oriental
Año VI – Número 17 – Mayo 2006